
El par EUR/USD avanza ligeramente durante la sesión asiática del lunes, aunque carece de convicción alcista y cotiza actualmente justo por encima de 1,1150, en medio de una combinación de fuerzas contrapuestas.

La moneda única encuentra cierto apoyo en la postura restrictiva del Banco Central Europeo (BCE), que señala que una subida de tipos en diciembre sigue siendo una opción clara ante el aumento de los riesgos inflacionistas derivado del encarecimiento de la energía. Además, las esperanzas de avances diplomáticos en Oriente Medio debilitan al dólar estadounidense (USD), considerado un activo refugio, y favorecen al par EUR/USD. De hecho, según las informaciones publicadas, los negociadores iraníes mantuvieron el domingo su tercer día consecutivo de conversaciones con mediadores cataríes para avanzar hacia un acuerdo que ponga fin a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Por otra parte, Irán ha propuesto un plan de dos días (48 horas) para reabrir el estrecho de Ormuz, condicionado a que Estados Unidos cumpla una serie de exigencias.
Por su parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que las conversaciones con Teherán han sido productivas, aunque no ha descartado nuevas acciones militares tras las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre. Además, el líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, ordenó a sus principales mandos militares que se prepararan para una nueva confrontación con Estados Unidos e Israel y ampliaran las opciones de represalia de Teherán. A esto se suman nuevos ataques ucranianos contra refinerías rusas, que mantienen vigente la prima de riesgo geopolítico. Este factor, junto con las expectativas de una subida de tipos de la Reserva Federal estadounidense (Fed), debería favorecer al dólar y limitar cualquier avance significativo del par EUR/USD.
Según la herramienta FedWatch de CME Group, los operadores descuentan ahora una probabilidad de alrededor del 75 % de que el banco central estadounidense vuelva a elevar los costes de financiación en diciembre. Estas apuestas se reforzaron con los datos macroeconómicos de Estados Unidos publicados el jueves, que apuntaron a una economía todavía resistente y a presiones inflacionistas persistentes. Además, la creciente preocupación por el aumento del endeudamiento de Francia y el bloqueo político de cara a las elecciones del próximo año podría contribuir a limitar las subidas del EUR/USD. Los operadores esperan ahora los PMI manufactureros definitivos en busca de impulso antes del PMI manufacturero del ISM de Estados Unidos, aunque la atención del mercado se centrará en el informe de nóminas no agrícolas (NFP) estadounidense del viernes.
Gráfico diario del EUR/USD
El par EUR/USD mantiene un sesgo bajista a corto plazo, al situarse claramente por debajo de la media móvil simple (SMA) de 50 días, en 1,1379, y de la importante zona de confluencia de resistencias formada por el retroceso de Fibonacci del 23,6 %, en 1,1247, y el del 38,2 %, en 1,1336. Por encima de esa zona, aparece otra resistencia en el retroceso del 50,0 %, en 1,1408, con zonas de oferta adicionales en 1,1480 (61,8 %), 1,1582 (78,6 %) y el máximo del ciclo, cerca de 1,1712. A la baja, el siguiente soporte relevante se sitúa en la referencia estructural en torno a 1,1104, donde los compradores podrían intentar frenar la actual secuencia bajista si el precio pone a prueba ese nivel.
(El análisis técnico de este artículo se ha elaborado con ayuda de una herramienta de IA. Más información.)
El euro es la moneda de los 20 países de la Unión Europea que pertenecen a la eurozona. Es la segunda divisa más negociada del mundo, por detrás del dólar estadounidense. En 2022, representó el 31 % de todas las operaciones de divisas, con un volumen medio diario superior a 2,2 billones de dólares. El EUR/USD es el par de divisas más negociado del mundo y representa aproximadamente el 30 % de todas las operaciones, seguido del EUR/JPY (4 %), el EUR/GBP (3 %) y el EUR/AUD (2 %).
El Banco Central Europeo (BCE), con sede en Fráncfort, Alemania, es el banco central de la eurozona. El BCE fija los tipos de interés y dirige la política monetaria. El mandato principal del BCE es mantener la estabilidad de precios, lo que implica controlar la inflación o estimular el crecimiento. Su principal herramienta es la subida o la bajada de los tipos de interés. Unos tipos de interés relativamente altos, o la expectativa de que suban, suelen beneficiar al euro, y viceversa. El Consejo de Gobierno del BCE toma decisiones de política monetaria en reuniones que se celebran ocho veces al año. Estas decisiones las adoptan los responsables de los bancos centrales nacionales de la eurozona y seis miembros permanentes, entre ellos la presidenta del BCE, Christine Lagarde.
Los datos de inflación de la eurozona, medidos por el índice armonizado de precios de consumo (IAPC), constituyen un indicador económico importante para el euro. Si la inflación aumenta más de lo previsto, especialmente si supera el objetivo del 2 % del BCE, obliga a la institución a subir los tipos de interés para volver a controlarla. Unos tipos de interés relativamente altos en comparación con los de otras economías suelen beneficiar al euro, ya que hacen que la región resulte más atractiva para los inversores internacionales a la hora de colocar su dinero.
La publicación de datos permite evaluar la salud de la economía y puede repercutir en el euro. Indicadores como el PIB, los PMI manufactureros y de servicios, el empleo y las encuestas de confianza de los consumidores pueden influir en la evolución de la moneda única. Una economía sólida es positiva para el euro. No solo atrae más inversión extranjera, sino que también puede animar al BCE a subir los tipos de interés, lo que fortalecería directamente al euro. En cambio, si los datos económicos son débiles, es probable que el euro caiga. Los datos económicos de las cuatro mayores economías de la zona del euro (Alemania, Francia, Italia y España) son especialmente relevantes, ya que representan el 75 % de la economía de la eurozona.
Otro dato relevante para el euro es la balanza comercial. Este indicador mide la diferencia entre lo que un país ingresa por sus exportaciones y lo que gasta en importaciones durante un periodo determinado. Si un país produce bienes de exportación muy demandados, su moneda se apreciará por la demanda adicional de los compradores extranjeros que desean adquirir esos bienes. Por tanto, un saldo comercial positivo fortalece la moneda, mientras que un saldo negativo tiene el efecto contrario.